domingo, 9 de noviembre de 2014

Maru Botana con Rolón: "Nunca me enojé con Dios"





La cocinera evoca la muerte de su hijo Facundo, de seis meses, y cuenta cómo hizo para salir adelante después de tanto dolor.


Maru llega al consultorio con una enorme sonrisa y esa mirada tierna en la que el dolor ha inscripto su marca.

¿Hay algún tema del que no querés hablar? No.

Contame un poco de tus padres. Somos una familia de clase media, con un papá médico de cabecera como había antes y una mamá ama de casa. Vivíamos en una casa súper normal. Papá trabajaba mucho y mamá es maestra, pero siempre se tomó su tiempo para estar con nosotros.

¿Cuántos hermanos son? Somos tres, dos varones y yo, la más chica. Un día mi papá y mi abuelo le estaban yendo a dar de comer a unos perros y mi hermano fue corriendo para ver y se cayó de un 4º piso, a los nueve años. Yo era muy chiquitita. Eso me quedó grabado. Papá agarró uno de esos carritos de flores, lo levantó y lo llevó al Hospital de Niños. Estuvo un mes grave, en coma, y por suerte se recuperó.

¿Recordás algo de ese momento? El ruido. Yo estaba en el baño con mamá y escuché el ruido y el grito. Después se me borró todo.

Hablame de tu infancia. Tuve una infancia muy linda,muy familiar, de mucho cariño, si bien no había grandes lujos. Teníamos conciencia de lo que costaban las cosas pero también veíamos a mi papá y mi mamá que nos daban los gustos que podían. A mí me costaba pedirle plata a papá, me daba la idea de que le costaba mucho. Y así fue que a los doce años empecé a vender tortas por el barrio. Me encantaba cocinar: mis abuelas cocinaban, yo leía libros de Doña Petrona y de repente apareció esta idea. Fue por el tema de la plata. Y como antes no pasaba nada, ponía cartelitos en el ascensor, en el almacén. Así empecé.

¿Qué dijeron tus padres cuando se te ocurrió esto? Mamá estaba medio asustada porque veía que yo agarraba recetas y ofrecía tortas que nunca en mi vida había hecho. Entonces me ayudaba o se horrorizaba de lo que hacía. Me compraba mucho la gente del edificio. No sé si pensarían que las hacía mamá pero me compraban.

¿Tus padres viven? Sí.

¿Cómo te llevás con ellos? Bárbaro, excelente.

La familia es importante para vos. Muy importante.

¿Cuando eras chica, con qué soñabas? Soñaba con tener una familia grande, pero eso me lo guardé, nunca lo dije a nadie. Veía Los Brady Bunch, Los Ingalls, me encantaban esas series de familia. Siempre les cuento a mis hijos que desde chica, cuando pasaba por debajo del puente del tren, decía "quiero tener un montón de hijos". Por eso les digo que pidan deseos, porque se cumplen.

Tenés que tener cuidado con lo que deseás. (Risas) Ni siquiera cuando me casé lo conté. No es que le dije a Bernie "me muero por tener muchos hijos".

¿Con tu esposo nunca hablaron de ese tema? No. El sabía que yo tenía esa cosa de mamá. Cuando me puse de novia, una de las abuelas de él me dijo "vos vas a tener un montón de hijos".

Y se te iluminó el rostro. No dije nada. No lo quería asustar. El día de hoy se debe pellizcar cuando piensa en la cantidad de hijos que tuvo (risas).

¿Cuántos chicos tenés? Siete... ocho con el bebito que se me murió.

¿Querés hablar de eso? Siempre lo tengo presente, forma parte de mi vida todos los días. Fui a un montón de charlas, mucho ejercicio de dejarlo ir. Y sí, lo dejás ir, pero lo tenés posicionado en un lugar que a vos te hace bien y que lo tenés. Es raro, siempre lo estás buscando. Es el que te falta.

¿Qué edad tenía? Facu tenía seis meses.

¿Fue muerte súbita? Sí, y lo bueno es que fue muy hablado en casa. Hoy los más chiquitos ya están más grandes y preguntan "¿por qué se murió Facu?" y les decimos que fue algo inexplicable, que nunca se pudo saber. El otro día, uno me preguntaba "¿él tenía algo, estaba enfermo?" Y me encanta que me puedan preguntar, que en casa nunca haya habido un tabú, nunca dijimos "de esto no se habla".

Sentiste que te iba a hacer bien hablarlo. Sí. En un momento sentí que no valía la pena llorar más. En ocasiones me sentí egoísta por llorar delante de los chicos.Lloraba cuando estaba en misa, trataba de hacerlo disimuladamente pero no delante de los chicos. Hay fechas determinadas en las que ellos se acuerdan especialmente, como el Día de la Madre...

¿Y a vos qué te pasa el Día de la Madre? Me conecto mucho espiritualmente.Por suerte tengo mucha fe y eso me hace bien. Lo que pasa es que nunca pude encontrar una explicación, me pasaron cosas, tuve señales, pero nunca una explicación.

¿Qué querés decir con señales? Señales de que algo iba a pasar. Hoy me acuerdo de situaciones, de sentir que algo estaba dando vueltas.

¿Qué fue lo primero que sentiste? La primera sensación que tenés es de desaparecer de este mundo.

Claro, porque no soportás tanta angustia. Decís "no me puede haber pasado esto". En ese momento estábamos en San Martín de los Andes, en un hotel casi sin gente, no conocíamos a nadie y sabíamos que si levantábamos un teléfono se nos iba a venir toda la prensa. Fue empezar a remar ese momento solos.

¿Cómo te enteraste? Llamó mamá a las 4 de la mañana y habló con Bernardo. El bebé se había quedado con ella. Yo tenía a Facundo de seis meses, a Santy que tenía un año, a Sofy que tenía tres, a Maty que tenía cuatro. Y los otros seis y nueve. Mi vieja es un sol, súper abuela. Me costó dejarle al bebé, pero dije "por tres días, para qué voy a someterlo al frío, llevar a la chica, toda la historia". Lo pensé como una cosa de lógica. Esa noche llamé a casa a las diez de la noche y mi mamá me dijo:"Quedate tranquila, está durmiendo, está todo bien, mañana nos vemos..." Y a las 4 llamó a Bernardo.

¿El te lo dijo? Sí. Quise desaparecer del mundo en ese instante. No podía soportar tanta tristeza. Ahí mismo empezamos a meter la ropa en los bolsos como podíamos. Teníamos un vuelo que salía a las cinco de la tarde. Eso fue tortuoso porque ese camino es divino, pero era una tristeza... Ahí deseé no ser conocida, pensaba que todos dírían "falta uno, falta uno..." Yo me quería morir. Y ahí encaré a una chica de la aerolínea y le dije que tenía que ir ya a Buenos Aires, la chica no me preguntó nada. Y todo el tiempo pensaba que era mentira, que no podía ser, hacía una semana había ido al pediatra, el bebé estaba impecable. No me podía estar pasando eso. Se mezclaba la culpa, el "por qué lo dejé"... mucha gente te ve pilas y te pregunta cómo lo superaste. Y no, no lo superás jamás. El tema es elegir el camino, o me quedo tirada en la cama y listo o sigo.

Pero necesitaste tu momento, supongo. Lo tuve, pero a solas. Porque en mi casa soy un referente de alegría total, siempre fui la mamá fuerte y esto fue un cachetazo enorme para toda la familia.

¿Te permitiste ser humana, no ser esa mamá que todo lo puede? Sí. Me acuerdo de que en ese momento Agus estaba con una psicopedagoga que me salvó, porque para él fue más difícil, el más grande, el que vivió la parte más triste.

El que se daba cuenta de todo. Sí, además, como todo fue tan repentino, ella me dijo que Agus tenía que ir al entierro sí o sí, Luchy podía escribirle algo e ir si quería y los demás no. Agustín fue a un entierro de un chiquito que se muere así... Yo estaba destrozada. Me dolía que, siendo tan chiquitos, vivieran una tristeza tan grande. Pensaba en ellos, en qué podía pasar. Después me di cuenta de que los fortaleció. Me acuerdo de que, después de que falleció Facu, los dos más grandes todas las noches se iban a dormir con un pijama mío. Yo no sabía qué hacer. Y la psicopedagoga me dijo que era normal, que si en un mes seguían igual íbamos a hacer algo. Al mes clavado, no ocurrió nunca más. Yo siento que de arriba te mandan una fuerza que no sé de dónde la sacás, pero fue dificilísimo.

¿Bernardo cómo lo sobrellevó? Creo que los dos lo llevamos diferente. A Bernie le venía el cuestionamiento de que no había estado mucho con él, porque la que está todo el tiempo con el bebé es la mamá. Y a mí me vino una sensación de mucha responsabilidad, un apego mucho más fuerte. Pasamos momentos muy difíciles. Nunca te ponés a pensar en esas cosas, pero si no estás muy firme en tu matrimonio, en tu familia, en todo lo que construiste, es un momento de incertidumbre, de temblequeo, de decir "¿por dónde voy?"

¿Nunca te enojaste con Dios? No. Al contrario, era mi manera de comunicarme con Facu. Nunca me agarró enojo ni bronca. Sí, intriga. Yo creo que la vida espiritual está buena porque si no tenés nada en qué sostenerte, caés en un vacío.

Tu historia parecía un cuento de hadas y de repente irrumpió la tragedia. ¿Cuánto tiempo estuviste sin trabajar? Un mes. Creo que salí a los quince días al aire. Fue terrible. Me acuerdo de estar hablando y ver a todos los cámaras llorando atrás. Y yo con esa sensación de ahogarme y no poder hablar más. Pero fue sobre todo porque el más grande mío me dijo "ma, tenés que ir a trabajar, te van a rajar". Y ahí pensé que ellos necesitaban verme de otra manera.

¿Te hizo bien volver? Sí, aparte en ese momento estaba con Diego (Pérez) que es un divino. Dieguito ahí se puso la mochila al hombro y se lo agradezco eternamente. Yo me acuerdo que el día que falleció Facundo le pedí que me vuelva a hacer reír. Fue terrible. En ese momento pensás que nunca más en la vida vas a volver a reír. Y después me di cuenta de que la tristeza y la alegría van de la mano.

Después de un hecho así, ¿le tenés miedo a algo? Quedé en estado de alerta. Yo ahí sentí que tenía el desafío de tener otro bebé. Te juro que un momento dije "acá se equivocaron".

¿Con qué? Con la muerte del bebé. Yo leí que cada alma tiene un mensaje que baja a determinada familia.

¿Creés que Facu traía un mensaje a tu familia, lo dejó y se fue? Sí.

Entonces, ¿por qué "se equivocaron"? Yo tenía la sensación de que no había motivo por el cual se tendría que haber ido. Y por otro lado, tenía miedo de que las chicas no quisieran tener hijos, que les hubiera quedado tan marcada la tristeza que el día de mañana fuese una barrera por temor a que les pasara lo mismo. Y Bernie no quería saber nada, tenía miedo.

¿Le dijiste que querías tener otro hijo? Sí. Lo respeté un montón porque también me daba miedo, porque nadie es dueño de la vida y no sabés qué puede pasar. Pasó el tiempo y cuando él quiso tuvimos otro bebé, Juani. Lo increíble fue que Juani nació con una marca, un lunar. Facu tenía uno en la espalda que era muy notorio, el lunar del Príncipe le dicen. Y eso para mí fue impactante. El embarazo fue súper difícil.

¿Qué pensabas? Me preguntaba en qué me había metido, trataba de sobrellevar mis miedos sola, de no contárselos a nadie. Y entonces, después, la otra vino de sorpresa. Me acuerdo de que Bernie decía "son un montón" y yo no dije nada. Sonrisa y felicidad. Los considero como a un milagro a los dos.

¿Necesitabas volver a tener a un bebé en tus brazos? Sí. Sentía que alguien me estaba diciendo "acá no se cortó, dale, animáte, no pasa nada". Y si bien tenía un montón de miedo, sentía que lo tenía que hacer.

Enfrentás al miedo. Sí. Estoy un poco exhausta (risas). La verdad es que después de todo eso quedás en un estado de alerta muy grande. Pero los chicos tienen que llevar una vida plena, segura. Los dejo hacer. Me dicen "mamá, voy a tal lado" y les digo que sí.

-Y te quedás angustiada. Sí. Ahora estoy mejor. No bien falleció Facu era terrible, pero quise evitar que ellos sintieran que su mamá tenía miedo por todo. Porque la verdad es que es la vida, y es triste, y la muerte es triste en todo momento... Me quedó esa sensación de no haber podido verlo crecer. Pero cada uno encuentra una explicación de por qué fue.

¿Me parece a mí o vos estás en el medio? A veces la encontrás y otras veces seguís creyendo que esto fue un error. Y sí, no estoy en la paz. Me acuerdo de que una vez estaba hablando con la mamá de una compañera de Luchy, que tiene una chiquita amorosa con una pequeña deficiencia, y le dije "yo tengo mi cruz". Ella se quedó impresionada y me dijo que no tendría que ser una cruz. Será que todavía no pude transitar esa parte de decir "está todo bien"; él está en paz, yo estoy feliz.

¿Estás preparada para que, luego de semejante tragedia, tal vez eso no llegue nunca? Sí, lo tengo asumido.

¿Sentís que siempre va a faltar algo en tu vida? Y sí, pero creo que es normal. Eso de que la pérdida de un hijo no tenga nombre. Es inexplicable y nadie te puede entender, salvo que lo haya pasado. Es como que te sacan parte de vos.

¿Cuál es el sueño más importante en este momento de tu vida? Que mis hijos sean felices.

¿Y más allá de la maternidad? Volver a tener un lindo programa de televisión. Porque a mí me encanta la comunicación con la gente, me encanta la tele que hacía antes, la sentía más sincera. Hoy me da un poco de miedo, tenés que cuidarte mucho en lo que hacés, de lo que decís.

¿Podrías resistir la presión del medio a armar un living con los divorcios o peleas del momento? Sí, dije que no el año pasado. No me gusta meterme en la vida de los demás. Me parece que la vida íntima tiene que ser respetada. Lo primero que vos me preguntaste hoy es si tenía algún problema en hablar de algo. Y eso es lindo, eso es importante. Creo que se perdió mucho eso en la vida misma. Hay una falta de respeto, de valores. Me preocupa que el argentino esté tan frío, que esté más pensando en la agresión, más en lo malo que en lo bueno. Hay poca tolerancia .

Y como pareja, ¿qué les gustaría? Estamos bien, la verdad es que tenemos una pareja re linda, con sus momentos buenos y malos.

Pero ¿es "EL hombre"? Sí. No me equivoqué.

¿Cuál es el valor más importante de la vida? El respeto. También la solidaridad.

Te propongo un ejercicio de imaginación: si volviera el tiempo atrás, de aquello que se podría cambiar, ¿qué cambiarías? Hubiera tenido a mi primer hijo antes. A veces pienso eso y otras veces siento que esa sensación de pareja, de estar dos años solos, está buena.

¿Qué te gustaría que Bernie dijera de vos? Que no se equivocó, que soy su compañera y que soy el amor de su vida.

Y cuando ya no estés en el mundo, ¿cómo te gustaría que te recordaran tus hijos? Atrás de la cocina, momentos... (se interrumpe, no puede seguir) me hacés llorar...

¿Te sentiste cómoda? Sí. Re.

¿Hay algo de lo que hablamos que preferís que no salga? No, está todo bien.








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